En uno de los conciertos organizados por Open Folk en La Troupe, Madrid, apareció en escena una voz que invitaba al silencio atento. Carmen Aciar, cantautora argentina radicada en Barcelona, presentó un repertorio íntimo, profundamente conectado con la naturaleza y con una sensibilidad musical que se sostiene tanto en la emoción como en la técnica.
Acompañada principalmente por su guitarra, Carmen construye canciones que dialogan con elementos como el río, la lluvia o el paisaje, no como metáforas forzadas, sino como espacios reales de conexión. Para ella, la naturaleza es un lugar de tranquilidad, de escucha interna y de inspiración genuina. De ahí nacen muchas de sus canciones: primero como poesía o escritos.

Su forma de componer está profundamente ligada al instrumento. La guitarra no solo la inspira a nivel sonoro, sino también poético, y la conecta con el folclore de su país de origen. En los últimos tiempos, incluso ha comenzado a escribir piezas instrumentales, dejando que las melodías surjan antes que las palabras, creando un espacio donde música y letra encajan de manera orgánica.
En directo, su propuesta se siente cuidada y honesta. Hay una técnica sólida, una armonía compleja y una interpretación que no busca artificios, sino verdad. En uno de los momentos del concierto, Carmen incorporó un bombo legüero compacto a la interpretación, ampliando la paleta sonora y sumando capas rítmicas que dialogaban con la guitarra y la voz, sin perder la intimidad que caracteriza su proyecto. Además, estuvo acompañada por varios artistas invitados, reforzando una idea que atraviesa todo su trabajo: la música como espacio de encuentro y comunidad.

Actualmente, Carmen se encuentra grabando su segundo álbum, previsto para salir a principios del 2026. El proceso ha sido tan orgánico como su manera de componer: comenzó grabando únicamente guitarras y voces. Con el paso de los meses, fueron las mismas canciones las que le indicaron qué necesitaban. En ese camino, se fueron sumando músicos y amigos que aportaron su sensibilidad, dando lugar a un disco que, aunque mantiene una raíz folclórica, también transita por el pop, el jazz y otras influencias, convirtiéndose en un proyecto colaborativo.
”Va a terminar siendo un disco colaborativo entre amigos que me han querido ayudar y que han querido aportar.”
Carmen entiende la música como un desahogo personal, un ejercicio de honestidad y transparencia. Al compartir sus canciones, estas dejan de ser solo suyas y se transforman en algo colectivo. El público, lejos de ser un receptor pasivo, se convierte en una parte esencial del proceso creativo: una fuente constante de inspiración y sentido.

“Todo lo que hago deja de ser mío, porque lo estoy compartiendo, entonces es un poco una rueda invisible que se va retroalimentando, y bueno, al final no podría yo hacer música si no hubiera un público que está ahí escuchando”
Su paso por Madrid fue también una celebración de los vínculos creados a lo largo del tiempo. En el escenario la acompañaron artistas como Arisa Vedra, Marina Paredes, Eva Anahí Sánchez, Ola Wagner y Juan Oliveira, músicos y artistas con quienes comparte no solo proyectos, sino también experiencias de migración, amistad y comunidad. Para Carmen, generar estos espacios de colaboración y visibilizar otros proyectos es tan importante como la música misma.
Carmen Aciar construye un universo sonoro que se siente cálido, generoso y profundamente humano. Sus canciones no buscan imponerse: invitan a quedarse, a escuchar con calma y a encontrar, en medio del ruido cotidiano, un pequeño refugio.

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