El pasado 18 de febrero, Café La Palma acogió el concierto de Izotz bajo el mismo título que su EP debut: ¿Qué ha sido del niño?. Alrededor de cien personas se reunieron para presenciar un directo que no solo presentó canciones, sino una narrativa: la de un niño que crece buscando respuestas sobre la vida.
Izotz Alastuey, cantante y compositor, alternó entre piano, guitarra y sintetizador, mostrando versatilidad instrumental sin perder el foco interpretativo. Su manera de habitar las letras —profunda y honesta— fue uno de los pilares de la noche. El concepto del EP se trasladó al escenario no solo desde el repertorio, sino también desde la intención.




Con banda completa, el proyecto dio un paso adelante en solidez y potencia sonora. Pablo Sánchez en la batería, Daniel Lahiguera en guitarra y voces, Cris en el bajo, sintetizador y coros, y Lucas Gandoy en el sonido construyeron un directo compacto y expansivo que llevó las canciones más allá de sus versiones de estudio.
Uno de los momentos más especiales llegó con la aparición de Malena, vocalista de El Momento Incómodo, con quien interpretó Hay un hueco bajo tu cama y está lleno de mierda. La colaboración aportó intensidad y carácter, generando una dinámica potente en el concierto.


El directo también dejó espacio para la intimidad. En Lo Que Quiero, Izotz recreó una escena. simulando el momento de composición tumbado en la cama, acercando al público a ese proceso vulnerable donde nacen sus canciones. Otro instante emotivo se produjo cuando dedicó Agua Entre Mis Manos a su abuela. La emoción fue evidente tanto en el escenario como entre el público, que respondió en silencio atento y alguna que otra lágrima.
Los visuales acompañaron el concepto artístico, envolviendo la sala en imágenes que dialogaban con sus letras y ampliaban el universo emocional del proyecto. No eran un adorno: sumaban a la experiencia.
Si algo confirmó esta noche es que la banda ha conseguido expandir la energía del estudio al directo. Las canciones crecieron, ganaron cuerpo y lograron que el público no solo escuchara, sino que también saltara y bailara. El rock —con matices alternativos y texturas más oscuras— encontró su espacio natural sobre el escenario.
El concierto dejó una sensación clara: el proyecto está evolucionando. Y quienes estuvieron en Café La Palma salieron con la impresión de que esto es solo el inicio de una etapa más ambiciosa.






Fotos por: Ruth More

Deja un comentario