alberto.vela: gatos, Goyas, Tiny Desk y “Ebastel”

alberto.vela parece llevar una vida entera condensada en unos pocos años de carrera. Es fácil cruzárselo en la escena de Madrid, tal vez en una sesión de la Open Folk, donde su presencia se siente inmediata: es alguien honesto, humano y, cercano. Esa falta de barreras es, probablemente, lo que le ha permitido habitar tantos mundos a la vez: desde tocar el acordeón en un Tiny Desk junto a Guitarricadelafuente hasta estar nominado a los Premios Goya por su trabajo en la composición de bandas sonoras.

alberto.vela es lo que podríamos llamar un «todólogo» musical, gracias a una curiosidad genuina que lo hace sonar cercano, con una riqueza instrumental que parece no tener límites, es compositor, cantautor, productor e instrumentista.

La revelación contra el delirio «workaholic»

Su último lanzamiento, «Ebastel«, llega como una carta de amor que nace de un lugar inesperado: la saturación. La canción es el resultado de un subconsciente que decidió rebelarse contra el ritmo frenético de quien usa el trabajo para no gestionar sus propias carencias.

La anécdota detrás del título es tan cotidiana como reveladora. Tras encadenar varias citas con personas que tenían gato —siendo él alérgico y sufriendo de sinusitis crónica—, alberto.vela vio en ese pequeño caos doméstico una metáfora de su propia vida: la imposibilidad de adaptarse y estar presente si no bajaba las revoluciones. Y ahora me niego a colocarte en ese segundo plano donde vas a evaporarte”, canta en una de las estrofas, dejando claro que esta vez elige quedarse y no permitir que la inercia de la ciudad le robe el momento.

“Quiero estar presente, disfrutarte, elegirte y no dejar que te lleve mi vida frenética tan lejos que me pierda vivir esto juntos.”

Un folclore sin etiquetas

En el plano sonoro, «Ebastel» es un festín de texturas. Para esta ocasión, se ha rodeado de la sensibilidad de Fetén Fetén (Diego Galaz y Jorge Arribas), quienes aportan ese aroma a tierra y folclore que la canción pedía a gritos. Vela produce sus propios temas bajo una regla inamovible: no juzgarse durante el proceso. Se permite el lujo de ser fiel a lo que la composición necesita, tratando sus canciones como huellas de su paso por la música.

Esa búsqueda de texturas llevó a Alberto a colaborar estrechamente con Diego Galaz, con quien ya lanzó Decir adiós, el primer adelanto de este trabajo. 

“Tenía claro que esos colores que imaginaba al trabajar con él iba a poder sacarle un punto más de folclore y de la naturaleza que le corre a Diego por las venas”

Tras años de priorizar su proyecto y después de la resaca emocional de grabar en míticos estudios de Washington (con el Tiny Desk), alberto.vela parece haber hecho las paces con todas sus versiones. Lo que viene ahora es su próximo disco, un trabajo que promete ser el reflejo más fiel de alguien que, por fin, ha decidido caminar de la mano con su presente.

Si te sientes atrapado en el ruido de la rutina, «Ebastel» es el antihistamínico emocional que necesitabas.

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