Andrés Iwasaki parece vivir varias vidas al mismo tiempo. Este músico sevillano de raíces peruanas ha pasado los últimos cinco años construyendo «Zulviem», un álbum que además de ser literalmente un espejo, está diseñado para saborearlo con la lentitud de quien mira el mar sin prisa.

“Estudiar humanidades me enseñó a trazar conexiones entre cosas que aparentemente no tienen nada que ver. Y eso lo llevo a la música”, explica el artista.
Hablar con Andrés es entrar en una plática filosófica donde cada detalle —desde un código morse oculto hasta la elección de una palabra nueva— tienen una razón de ser. Quizá por eso no sorprende que él mismo se defina como “músico y humanista”, su música es el hilo que une idas que, a simple vista, no tendrían conexión, pero que en su universo cobran un sentido absoluto.
Antes incluso de conocer su historia, sus canciones ya dejan pistas: hay algo en su sonido que remite a lo orgánico, a lo emocional y a lo profundamente humano. En «Zulviem», conviven la canción de autor, el pop y el folclore latinoamericano con una naturalidad casi biográfica.
Zulviem: Nombrar lo que aún no existe
El título del disco, Zulviem, no se encuentra en ningún diccionario. Andrés descubrió el término para nombrar ese espejo kilométrico y fugaz que deja la ola en la arena antes de volver al mar. En un mundo obsesionado con el futuro, «Zulviem» nos invita a quedarnos en el presente, a habitar ese instante antes de que la ola vuelva a llevárselo todo.
“Creo que hay fenómenos que aún no tienen nombre. Y no porque no existan, sino porque no hemos aprendido a mirarlos”, reflexiona.
Inventar palabras se convierte así en una forma de ampliar el lenguaje emocional. De decir lo que todavía no sabemos expresar.

Ese concepto del reflejo traspasa lo sonoro. El disco físico es un objeto artesanal realizado a mano por él mismo. «No quería una portada convencional; quería que el oyente se viera reflejado», nos cuenta. Es una apuesta por lo tangible frente a la inmediatez digital, un espejo que solo se puede conseguir en sus conciertos e invita a un consumo lento. “Vivimos rodeados de espejos: móviles, redes, industria… estamos constantemente mirando la imagen que proyectamos, y eso puede volverse obsesivo”. En ese contexto, el álbum propone volver a un reflejo más honesto: el de uno mismo, sin filtros. Un ejercicio que no siempre es cómodo, pero sí necesario.
El perdón como motor de evolución
Uno de los pilares de nuestra charla fue la capacidad de evolucioniar. Andrés parece haber vivido muchas vidas: la del azafato que cruza el Atlántico, la del teclista, la del concursante de La Voz y la del compositor que hoy se busca en el folclore.
En «Zulviem», el Andrés de 2020 y el de 2026 se miran y se reconocen. «He vivido muchas vidas y cada año siento que he nacido y muerto a la vez», explica.
En temas como «Me perdono«, la música funciona como un mantra contra la culpabilidad. Es una invitación a sentir compasión por uno mismo. La canción nace de un gesto sencillo sugerido por una amiga: mirarse al espejo y repetir esas palabras en voz alta. Este tema nos ayuda a aceptar que somos el resultado de todas nuestras versiones pasadas y a entender que muchas culpas eran innecesarias. Al final, no hay nada que perdonar. “Todo lo que has vivido te ha traído hasta aquí. Incluso lo que dolió”, afirma con serenidad.



«No quiero morir antes de mi muerte»
Una de las frases más impactantes del disco aparece en «Si se cae el cielo«. Andrés reflexiona sobre el peligro de quedarse estancado en una rutina ajena, convirtiéndose en un autómata que olvida su capacidad de asombro. Es una declaración de principios sobre el movimiento constante, como las olas que inspiran el álbum.
«A veces nos matamos a nosotros mismos mucho antes de que el cuerpo se apague por no seguir nuestra voz interior», comenta.
El movimiento nos lleva a explorar más allá de nuestro entorno. En «Ilesa«, por ejemplo, Andrés Iwasaki introdujo un código morse que deletrea la palabra SAD (triste). Es un secreto oculto a plena vista, un detalle que refuerza esa idea de que en su música nada es al azar.
Un universo íntimo y orgánico
Andrés Iwasaki acaba de estrenar el videoclip de «Ojos Tierra« junto a Nía Zalén. Un trabajo visual que busca la simplicidad de su Sevilla natal: naranjas, luz y naturaleza. Todo responde a la misma lógica: volver a lo esencial.
«Zulviem» es, en definitiva, un recordatorio de que somos agua en movimiento. Bajo la cuidada producción de Edu Molina, el disco baila entre géneros para ofrecer un viaje honesto.
Andrés Iwasaki ya está pensando en lo que viene, con nuevas composiciones que prometen seguir evolucionando. De momento, nos quedamos con su invitación a detenernos frente al espejo y, simplemente, estar presentes antes de que la ola vuelva a retirarse.

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