Cris Imaz da un paso más en la construcción de su próximo álbum “Creciente” con la nueva canción “El Poder”, para adentrarse en un terreno mucho más incómodo: el de reconocer el impacto que tenemos sobre los demás. En lugar de situarse en el lugar de la herida, la artista invierte el foco y se pregunta qué ocurre cuando somos nosotros quienes sostenemos el poder dentro de una relación. El resultado es una canción que no solo habla de amor, sino de responsabilidad, privilegio y de las tensiones que atraviesan tanto lo íntimo como lo social. La canción nace de una experiencia personal en la que la artista se vio atravesada por dinámicas de poder dentro de una relación. Ese peso la llevó a tomar distancia desde el cuidado.

“Sentía que, si movía una piedra, podía hacerle daño a la otra persona”, explica.
Pero “El Poder” no se queda en lo íntimo. La reflexión se expande hacia lo social. Durante el proceso de composición, Cris estaba involucrada en trabajo activista con personas migrantes, enfrentándose de primera mano a desigualdades estructurales. “Yo podía coger un vuelo y estar en España en horas, mientras otras personas llevaban años intentando pedir asilo”, cuenta. Esa experiencia atraviesa la canción y la convierte en una pieza que dialoga tanto con el amor como con el privilegio.
Musicalmente, el tema acompaña ese viaje emocional: comienza desde un lugar crudo —guitarra y voz— y va creciendo en intensidad hasta alcanzar un punto de catarsis. Guitarras de Ireneblina, la percusión de Shadday López y el cello de Blanca Sevi se suman progresivamente, reflejando el caos y la belleza que conviven en la propia idea del poder.
El videoclip, rodado en plano secuencia en la playa de Trengandín (Noja), refuerza esa dualidad. El mar, como la canción, es hermoso y peligroso al mismo tiempo. “Hay belleza en el caos y caos en la belleza”, resume la artista.
El amor como espacio de poder
Escuchando “El Poder”, es inevitable pensar en la responsabilidad afectiva. En cómo, al amar, no solo nos exponemos, sino que también sostenemos una posición de impacto sobre el otro.
En conversación, Cris plantea una visión más matizada del amor: no todo es blanco o negro. “En una misma relación puedes tener poder sobre alguien en un aspecto y esa persona sobre ti en otro”, explica. La clave, más que evitar ese poder, está en hacerlo consciente.
Esa idea conecta con algo profundamente humano: el miedo a dañar. Porque amar no es solo entregarse, también es saber hasta dónde sostener sin perderse.
“Vuela”: la otra cara de “Creciente”

“Vuela” es una canción sobre liberación. Dedicada a abuelas y mujeres mayores que rompen con lo establecido— funciona como un himno a la libertad tardía… o quizá a la libertad sin tiempo. Lejos de ser una simple anécdota, el tema se nutre de referentes reales: mujeres que han decidido vivir con intensidad, desde el arte, el activismo o simplemente desde el disfrute. Es la posibilidad de volar sobre las expectativas ajenas.
“La juventud no se mide en años, sino en la capacidad de mantener viva la curiosidad.”
Musicalmente, “Vuela” juega con cambios de ritmo que incluso se trasladan al directo, donde el público participa imaginando a esa mujer “volando por encima de la ciudad”.
Un disco atravesado por el tiempo
Tras irrumpir en la escena con su EP «Empezar a vivir» (2021) y consolidarse como finalista en certámenes de prestigio como el Tour Music Fest y la Fundación Miguel Ríos, la artista se prepara para entregar su proyecto más ambicioso hasta la fecha: «Creciente».
Ambas canciones junto con “Me Aburro” y “Paula” funcionan como puertas de entrada a “Creciente”, un álbum producido por Álvaro Navarro que, según la propia artista, gira en torno al paso del tiempo y la conciencia de dónde estamos en cada etapa de la vida.
Desde la incapacidad de aburrirnos hasta las decisiones que no tomamos, el disco parece construirse desde preguntas más que desde certezas. Porque si algo deja claro Cris Imaz en esta nueva etapa es que crecer no siempre es cómodo. A veces implica mirarse, cuestionarse y asumir que también tenemos poder y la diferencia está en qué hacemos con él.

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