Subversivas: Fitasha y Ana Farelo expresan amor, feminidad, y “catarsis”

El pasado 23 de abril, Ana Farelo y Fitasha compartieron cartel en la tercera edición de Subversivas, la iniciativa de vibess cuya misión es «hacer visible lo invisible». El proyecto crea espacios para artistas femeninas emergentes, permitiéndoles construir comunidad y alcanzar nuevos públicos al margen de la rigidez del descubrimiento algorítmico, que tantas veces invisibiliza a quienes no encajan en los patrones de recomendación automatizados.

Subversivas busca actuar como catalizador de oportunidades para las artistas, enfrentando una realidad estadística preocupante: en España, solo el 13 % de las canciones más escuchadas son interpretadas por mujeres, un porcentaje que desciende aún más cuando se consideran compositoras y productoras. (De acuerdo a información obtenida de vibess)

El concierto, celebrado en la Sala Uni, encarnó estos valores. El ambiente respiraba una celebración del amor y la feminidad mientras el público —una mezcla de seguidores fieles y nuevos oyentes— disfrutaba de las actuaciones de Fitasha y Ana Farelo. A pesar de que sus proyectos viven en distintos géneros musicales, ambas artistas se unieron en una misma energía: la de reivindicar su espacio desde la fuerza y la ternura de lo femenino.

Fitasha: Catarsis y Alma en Movimiento

La noche comenzó con la energía expresiva de Fitasha, quien abrió el concierto con una propuesta de soulful hip hop con elementos de jazz. Acompañada por Eduardo Nieto al saxofón, Jorge Nuñez al violín y Zeta A en la consola de sonido, su actuación fue, en una sola palabra, «catarsis». Fitasha permitió que su cuerpo y su voz fluyeran en simbiosis absoluta, transmitiendo una emoción profunda que parecía emanar de cada fibra de su ser.

La elección del saxofón y el violín añadieron una capa de expresividad orgánica que resonó perfectamente con el estilo jazzy de la artista. Los solos instrumentales actuaron como puentes emocionales, permitiendo que el alma de la música transmitiera incluso en los momentos de silencio vocal. Fitasha estuvo «locked in» durante toda la actuación: bailando, sintiendo el ritmo y viviendo el performance incluso cuando no estaba cantando, creando una presencia escénica magnética. Su estética reforzó esta narrativa de fluidez, con un top de mangas largas y vaporosas que se movían con ella.

Fitasha habló del amor no como un sentimiento romántico aislado, sino como una experiencia humana universal que nos conecta, pidiendo al público a “mostrar nuestro amor”. Al reivindicar el amor y la sensibilidad —tradicionalmente estigmatizados como debilidades en la narrativa masculina hegemónica— Fitasha transformó esos conceptos en herramientas de poder. Su música es para sentir, para groovear y para compartir con quienes amamos. En ese acto de sacar el amor al escenario, no solo se empoderó a sí misma, sino que invitó a la audiencia a crear comunidad. En el contexto de Subversivas, esa conexión emocional se vuelve un acto subversivo: demostrar que la vulnerabilidad y la ternura son, en realidad, puntos de fuerza inquebrantables. Como ella misma bromeó: «Si vas a hacer el amor, pon a Fitasha».

Ana Farelo: seguir construyendo a través de la curiosidad

El escenario cambió de ritmo con la llegada de Ana Farelo, la artista que ganó popularidad en TikTok con su canción «Mujer contra mujer«, que celebra abiertamente el deseo lésbico. La naturaleza experimental de su sonido hyper/dance pop se reflejaba en su puesta en escena: Ana frente a un sampler, manipulando sonidos en tiempo real, con Andreales a los mandos del DJ detrás de ella, creando una atmósfera de diversión y energía desde el primer segundo.

«Un día me regalaron un sintetizador de juguete y ahora estoy aquí. Sigo jugando a hacer música«, escribió en su perfil de Spotify. Esa filosofía se respiró en la Sala Uni mientras Ana jugaba en el escenario, invitando al público a hacer lo mismo, distorsionando su voz mientras hablaba y subiendo a fans para participar en una trivia en directo y regalar camisetas. En una entrevista posterior, explicó que la curiosidad es fundamental para ella: le gusta explorar sonidos, seguir su intuición y descubrir las posibilidades infinitas de la música electrónica.

Bajo esa capa de diversión y ritmos bailables, también expresó la importancia y la necesidad de eventos como Subversivas que dan voz a gente marginada, recordando al público las duras estadísticas de la representación femenina en la industria. 

La actuación también tenía capas profundamente personales, añadiendo un toque emocional a su mensaje. Al inicio, fue presentada por su mejor amigo, quien bailó y cantó cada canción desde la multitud. Luego, Ana compartió la historia de cuando su perro falleció, y cantó una canción que escribió sobre ese duelo, mostrando cómo utiliza la composición para procesar emociones difíciles y transformarlas en arte compartido. También subió a su novia, una artista llamada Voonie, al escenario para cantar con ella. Ellas bailaron juntas con pura felicidad, e invitaron a la audiencia a hacer lo mismo, convirtiendo el concierto en un espacio seguro donde la identidad lésbica no solo era visible, sino central y celebrada.

Dos artistas, una visión

Al final de la noche, quedó claro que tanto Ana Farelo como Fitasha, aunque partieron de lugares sonoros muy distintos —la experimentación electrónica frente al soulful hip hop—, convergieron en un mismo territorio emocional. Ambas artistas expresaron temas universales como el amor, la catarsis y la feminidad, pero lo hicieron a través de lenguajes únicos que reflejaban sus propias identidades.

Esta diversidad es, precisamente, la belleza de la feminidad y la razón de ser de espacios como Subversivas. No existe una única forma de ser mujer, ni una sola manera de expresar el amor o la resistencia. Lo que nos une como humanos son esos valores fundamentales: la necesidad de conexión, la vulnerabilidad y la búsqueda de pertenencia. Sin embargo, la verdadera riqueza reside en la capacidad de expresar esos valores de maneras creativas, distintas y auténticas, adaptadas a la esencia de cada persona.

El concierto en la Sala Uni fue una demostración de que no hay que homogeneizar la experiencia femenina para que sea válida. Al contrario, es en la celebración de lo que hace a cada artista diferente y única donde reside el verdadero poder. Fitasha nos enseñó a fluir con el alma y la sensualidad; Ana nos invitó a jugar y a celebrar nuestra identidad. Juntas, nos recordaron que la comunidad no se construye borrando las diferencias, sino abrazándolas. En un mundo digital que nos empuja hacia la uniformidad, eventos como este nos ofrecen un respiro: la oportunidad de celebrar lo que cada persona tiene que ofrecer y de disfrutar, simplemente, de la riqueza de ser quienes somos.

Si quieres seguir la onda de esta noche y apoyar directamente a las artistas, no hay mejor forma que escuchar sus últimos lanzamientos en Spotify: Fitasha ya soltó «Tu Pelo» (con Mardom) el pasado 24 de abril, y Ana Farelo acaba de lanzar  «esa no soy yo 😦», disponible desde el 30 de abril. 

Por: Hayley Powers

Posted in ,

Deja un comentario