Rock, rumba, cumbia, ska, tango, murga uruguaya, juegos de palabras y bastante sentido del humor. Si algo parece tener claro Desgarcias es que no tiene demasiado interés en elegir una sola casilla. El proyecto de Rubén García acaba de presentar Sanar con gusto no pica, una canción sobre terapia, contradicciones y aprender a convivir con todo lo que llevamos dentro.

“Cuando te defines o te encasillan en un género te encorsetas”. Quizá esa frase sea una de las mejores formas de entender a Desgarcias, el proyecto musical de Rubén García.
Después de pasar por bandas como Hormigas suben al árbol, Endorfinas o Nueva Rumbasa, decidió empezar a escribir sus propias canciones e inspirarse en todo aquello que llevaba años escuchando y tocando. Dejarse fluir y jugar con la música porque hacer siempre lo mismo le aburre.
Así aparecen canciones que pueden moverse entre la rumba, el rock, la salsa, la cumbia o el ska. A veces porque la historia lo pide y otras por puro experimento, el resultado es un proyecto difícil de etiquetar y, probablemente, bastante más divertido por eso.
Letras para reírse de lo cotidiano
Pero si hay algo que une este universo musical aparentemente dispar son las letras. Juegos de palabras, humor, ironía, crítica y también profundidad conviven en las canciones de Desgarcias.
Rubén reconoce que en su día a día dice “cien mil chorradas por segundo” y que, en algún momento, decidió convencerse de que alguna podía valer la pena. Detrás de la broma, sin embargo, hay bastante trabajo: ordenar todo lo que pasa por su cabeza y convertirlo en una letra.
Entre sus referentes aparecen nombres como Kiko Veneno, Lichis y Javier Krahe, artistas capaces de hablar de situaciones cotidianas de una manera elevada pero natural. A eso Desgarcias le suma una dosis importante de humor, que también forma parte de su manera de mirar la vida.
Y de ahí nace una de las señas de identidad de Desgarcias: canciones que pueden hacerte reír mientras están hablando de algo bastante más serio.
Sanar con gusto no pica: terapia, contradicciones y murga
Su nuevo single, Sanar con gusto no pica, nace de las contradicciones que aparecen cuando uno empieza a mirar hacia dentro. No intenta explicar cómo sanar ni ofrecer una solución definitiva. Más bien se pregunta qué ocurre cuando empiezan a aparecer todas esas voces internas que tenemos y que no siempre están de acuerdo.
El videoclip lleva esa idea al terreno visual con diferentes versiones de Desgarcias compartiendo espacio. Cuatro “Desgarciaos” intentando entenderse entre ellos, mientras la canción pasa de una guitarra y una voz más íntimas a una explosión colectiva.
Y es que, para Rubén, reírse de uno mismo también puede ser una forma de terapia. No para quitarle importancia a todo, sino para conseguir que algunas cosas dejen de parecer tan enormes.
De lo individual a lo colectivo
La transformación de Sanar con gusto no pica también ocurre a través de la música. Lo que comienza casi como una canción de autor termina creciendo hasta encontrarse con Tirando La Bohemia, un grupo de uruguayos afincados en Madrid que mantiene vivo el vínculo con el carnaval y la murga.
La elección no es casual. Rubén entiende la murga como una experiencia catártica: muchas voces que se unen para decir en voz alta aquello que normalmente se queda dentro de la cabeza.
“Sanar es un proceso individual, pero tampoco podemos obviar el entorno y lo que nos rodea”, explica.
Así, lo que empieza como una reflexión personal termina convirtiéndose en algo colectivo. Una guitarra, un coro murguero y un grupo de personas cantando juntos sobre esas contradicciones que, probablemente, son bastante más universales de lo que pensamos.



Un álbum que tampoco quiere elegir un solo camino
Sanar con gusto no pica es también el título del próximo álbum de Desgarcias. El disco ya está compuesto y arreglado, aunque todavía queda vestirlo y terminar de darle forma sonora junto a Lucas P. Basso, con quien Rubén ha trabajado en este single.
La idea es publicarlo en 2027, aunque sin demasiada prisa: “Ni el tiempo ni el dinero son ilimitados”, dice entre bromas.
Y si este adelanto sirve como pista, habrá bastante que descubrir. Tango, rockabilly, vals, ska y más estilos convivirán en un álbum que vuelve a apostar por la mezcla y por unas letras que pueden pasar de la broma a la reflexión sin pedir permiso.
Una forma menos seria de vivir la música
Quizá no sea casualidad que el proyecto se llame Desgarcias. Desde el propio nombre hay una invitación a no tomarse la vida —ni siquiera la música— demasiado en serio.
Y en un momento en el que convivimos con problemas que muchas veces parecen demasiado grandes para procesar y, al mismo tiempo, con una sensación de soledad cada vez más presente, encontrarse con una propuesta así puede resultar especialmente cercano. Desgarcias no pretende solucionar nada; simplemente pone música, humor y compañía a algunas de las cosas que nos pasan por dentro.

Eso ya estaba en No quiero trabajar, una canción de su primer álbum que, más allá de la broma, puede convertirse en ese pequeño guiño que te hace pensar: vale, no soy el único que está pensando esto. Y vuelve a aparecer ahora en Sanar con gusto no pica, aunque desde otro lugar: aceptar que no siempre estamos bien, que entendernos lleva tiempo y que quizá también podemos atravesar todo eso con un poco más de humor.
Lo que hace especial a Desgarcias es que no parece estar buscando parecerse a nadie. Su identidad está precisamente en esa mezcla de referencias, géneros, contradicciones, juegos de palabras y formas de mirar la realidad. No intenta encajar su música en una fórmula; parece más interesado en impregnarla de todo aquello que le hace ser quien es.
Desgarcias tiene una identidad clara: no necesariamente viene a decirnos algo que no sabíamos, sino a recordarnos que podemos mirar nuestras vivencias un poco menos solos, y si se puede, con algo más de humor.

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