
Lucía Fernández, cantautora española, presenta su nueva canción «El juego de la botella«. Para ella, la música no es solo una vía de expresión, sino el espacio donde puede ser completamente ella misma. “Canto lo que no digo”, resume. Desde pequeña, mientras el mundo ocurría a su alrededor, encontró en lo creativo —cantar, escribir, dibujar— una forma de procesarlo todo. Esa necesidad de comunicar la llevó a estudiar periodismo, aunque con el tiempo entendió que no todas las historias pueden contarse con palabras: algunas solo pueden compartirse a través de la música.
“La idea de compartir cosas mías que no sé decir con palabras y que conecten con el otro… siento que es para lo que he nacido.”
El escenario como refugio
Paradójicamente, el lugar donde más expuesta está es donde más segura se siente. Invitadas personalmente por Lucía Fernández a su concierto del 24 de abril en Club Habana Madrid por thenomadzone, pudimos ser testigo de la energía de su directo: poderosa y magnética, pero al mismo tiempo orgánica, humana y profundamente honesta. Sobre el escenario, Lucía no solo interpreta, se muestra. Hay algo en su presencia que conecta desde lo inmediato.
“Ahí me siento libre. Aunque me esté viendo todo el mundo, es donde menos juzgada me siento.”
Su directo es un espacio vivo. Interactúa con el público, dedica canciones, bromea con los músicos e incluso se baja del escenario para cantar entre la gente. Sin artificios. Sin distancia. Es ahí donde se entiende esa comodidad de la que habla: una naturalidad que atraviesa todo el show y que termina de construir la experiencia.
Para quien descubre su música por primera vez, el directo es la cereza del pastel. Su personalidad —brillante, cercana, expansiva— hace que sea difícil quitarle la mirada de encima. Más que un concierto, es una invitación a entrar en su mundo.




“El juego de la botella”: cuando lo inocente deja de serlo
Su último single, “El juego de la botella”, parte de una imagen juguetona: un beso adolescente, aparentemente sin importancia. Pero lo que construye a partir de ahí es otra cosa. Una historia sobre confundir intensidad con amor. Sobre quedarse en vínculos que no terminan de hacer bien. Sobre no saber irse. “Parecía una broma… pero luego llegó algo mucho más profundo.”
La canción habla de ese momento en el que todo empieza ligero —casi como un juego— pero poco a poco se convierte en una dinámica emocional difícil de sostener. Donde una persona siente más que la otra. Donde el equilibrio nunca termina de existir. Y, sobre todo, habla de algo incómodo de admitir: el autoengaño.
En la conversación aparece una idea interesante: el juego de la botella como metáfora del destino. De dejar que “algo externo” decida por ti. Con relaciones que se sostienen más por ilusión que por realidad. Con ese efecto dominó en el que todo sigue avanzando, aunque algo dentro ya no esté en su sitio.
“El cuerpo muchas veces sabe que no estás bien, pero tu cabeza te convence de quedarte.” “Nos autoengañamos porque queremos que nos quieran. Alargamos cosas que deberían terminar.”
Mirar hacia atrás sin juzgarse
Cuando se le pregunta qué le diría a su versión más joven —la que vivió esa historia—, no hay reproche. Hay algo más interesante: compasión.
“Qué fuerte eres. Deja de pensar tanto en los demás. Escúchate más.”
Esa mirada es clave. Porque convierte la experiencia en aprendizaje, no en culpa. Y conecta directamente con el mensaje de la canción: entender que aquello no era amor… pero sí era necesario para aprenderlo.
Un nuevo sonido, una nueva etapa

“El juego de la botella” no es solo un single: es el inicio de una nueva etapa para Lucía Fernández. La artista ya trabaja en su próximo proyecto, donde su sonido se acerca al pop rock con referencias contemporáneas y una intención clara: encontrar —y ocupar— su espacio dentro de la escena. Un lugar donde, todavía faltan más voces femeninas. “Siento que he encontrado mi hueco.”
Al final, todo vuelve al mismo punto: la conexión. A esa necesidad de compartir lo que duele, lo que confunde, lo que todavía no se sabe nombrar del todo… y encontrar a alguien al otro lado que lo entienda.
“Cuando alguien conecta con algo que yo he vivido, me hace sentir menos sola.”
Porque “El juego de la botella” dice mucho más que una canción para sonar en una fiesta. Es un momento de reconocimiento, pero también una declaración de empoderamiento. De entender de dónde venimos y hacia dónde queremos ir.
Lucía Fernández lo tiene claro: lo más valioso de hacer música es esa capacidad de acompañar. De tender un puente invisible entre lo propio y lo compartido. Con nueva música en camino y varios conciertos por España, su trayectoria no hace más que empezar a tomar forma.
Por: Ainhoa Aramburu

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