Mateo Falgas abraza la imperfección en Crecemos Torcidos

Mateo Falgas presenta Crecemos Torcidos, un álbum entre el soul y la canción de autor que parte de una idea sencilla: quizá crecer no consiste en corregir todo aquello que está torcido en nosotros.

“Crecemos torcidos” podría sonar a una conclusión pesimista. En el universo de Mateo Falgas es prácticamente lo contrario. Es aceptar que somos imperfectos, que no siempre tenemos las cosas claras y que crecer no necesariamente significa convertirnos en esa versión ideal que alguna vez imaginamos.

El músico madrileño compartió su nuevo álbum en un listening party junto a Pausa Music. La propuesta fue sencilla: luces completamente apagadas, móviles fuera y escuchar. Sin estímulos alrededor, era mucho más fácil prestar atención a todo lo que sucede dentro de las canciones: los instrumentos entrando y saliendo, los coros, las cuerdas, los vientos, la voz de Mateo y los contrastes entre temas que pueden sentirse pesados y otros que parecen sacados del momento feliz de una película.

También estaban ahí muchos de los músicos y colaboradores que participaron en el disco. De alguna manera, escuchar el álbum rodeados de ellos terminaba de explicar algo que después se hizo todavía más evidente al hablar con Mateo: Crecemos Torcidos se siente como un proyecto construido desde la música y desde las relaciones reales que se forman alrededor de ella.

Crecemos Torcidos: hacer las paces con no ser perfectos

El nombre del álbum nació de un poema que terminó convirtiéndose en la introducción del disco. Su mensaje habla de “abrazar nuestra imperfección, abrazar lo torcido de nosotros, lo roto, lo frágil, lo vulnerable”.

Mateo reconoce que él mismo es perfeccionista. Quizá por eso el concepto tiene todavía más sentido viniendo de él.

Durante la entrevista habla de una sociedad acostumbrada a enseñar su mejor cara y de una industria del entretenimiento especialmente vinculada con la idea de ser siempre fuerte, joven, exitoso y perfecto. Crecemos Torcidos intenta ir justo en dirección contraria.

“No crecemos para enderezarnos. Crecemos para seguir siendo chuecos.”

Detrás de esa frase hay diez canciones sobre cosas que difícilmente tienen una solución definitiva: el miedo, la soledad, el dinero, el paso del tiempo, las expectativas que tenemos sobre nuestra propia vida o la necesidad de encontrar algo a lo que agarrarnos cuando todo alrededor parece moverse.

Irse al silencio para descubrir qué quería contar

Parte de Crecemos Torcidos nació cuando Mateo decidió irse a vivir a El Escorial. Buscaba silencio para escribir y terminó encontrándose, inevitablemente, con él mismo.

Estaba acercándose a los 30 y aparecían muchas de esas presiones que conocemos bien: el dinero, el éxito, construir una carrera, definir quién eres y sentir que, llegados a cierta edad, deberías tener algunas respuestas.

Ese periodo terminó llevándolo a explorar su relación con la soledad, la perfección y también con una parte más espiritual de sí mismo. La pregunta que se repetía durante el proceso era: ¿cómo acepto ser imperfecto?

Vela Entre las Olas es un buen ejemplo. Fue una de las canciones que más nos llamó la atención en la primera escucha porque tiene algo especialmente abrigador y melancólico, como si la música te envolviera. Curiosamente, es también una de las canciones más antiguas del proyecto y estuvo guardada durante mucho tiempo hasta que Mateo decidió recuperarla.

La imagen de la canción puede entenderse de dos formas: una vela encendida o la vela de un barco. Para él representa esa pequeña esperanza con la que cada uno intenta atravesar las olas y llegar a algún puerto.

Un disco que puede pesar y, minutos después, hacerte querer vivir

La introspección de Crecemos Torcidos no significa que estemos ante diez canciones tristes. De hecho, uno de los aspectos que más disfrutamos al escucharlo completo fueron sus cambios de energía.

La Herida, por ejemplo, se siente pesada. Va despacio y parece obligarte a volver a tierra. Habla de esas heridas que llevan tiempo cicatrizando y de lo difícil que puede ser soltar algo que todavía pesa.

Después aparece una canción como Vivir la Vida y el escenario cambia por completo. Los coros, los instrumentos y especialmente su parte final tienen algo de soul y blues, pero también cierta teatralidad. Es fácil imaginarla acompañando al personaje principal de una película mientras decide, por fin, salir a vivir.

Mateo cuenta que en otros momentos de su carrera le han recomendado escoger una emoción y construir un proyecto alrededor de ella para tener un sonido más definido. Él nunca ha terminado de sentirse cómodo con esa idea. “Necesito tener un viaje de emociones”, explica.

Y tiene sentido. Una persona tampoco vive diez veces seguidas la misma emoción.

Musicalmente, ese viaje se construye desde la canción de autor pero crece con referencias que van desde Michael Kiwanuka, Natalia Lafourcade, Silvana Estrada o Leif Vollebekk hasta Ray Charles, Aretha Franklin y Nina Simone. Mateo produjo el álbum buscando que toda esa instrumentación —piano, guitarras, cuerdas, vientos y coros— pudiera crecer sin tapar la vulnerabilidad que había en las canciones originales.

Escuchar un álbum sin hacer nada más

Puede parecer una tontería, pero hubo algo especial en sentarse en una habitación completamente oscura a escuchar música. Nada de grabar el momento. Nada de mirar una notificación mientras empieza la siguiente canción. Nada de pensar qué subir a stories. Solo escuchar.

En un momento en el que consumimos canciones mientras caminamos, trabajamos, contestamos mensajes o hacemos cualquier otra cosa, el listening party de Crecemos Torcidos nos recordó lo diferente que puede sentirse un álbum cuando realmente le prestas atención.

Y conocer a Mateo terminó de darle sentido a esa escucha. Mateo transmite la misma mezcla de pasión y tranquilidad que aparece en sus canciones. Habla de vulnerabilidad y de imperfección sin convertirlas en un discurso solemne.

Crecemos Torcidos no intenta romantizar estar roto ni encontrar una gran moraleja detrás de cada herida. Habla, más bien, de dejar de exigirnos llegar a un punto en el que todo esté finalmente resuelto.

Al terminar nuestra conversación le preguntamos qué le gustaría que alguien se llevara después de escuchar el álbum completo. Su respuesta fue mucho más sencilla que cualquier conclusión que pudiéramos escribir nosotras:

“Me gustaría que hiciese las paces con su imperfección.”

Después de escuchar Crecemos Torcidos a oscuras, rodeados de las personas que ayudaron a construirlo, quizá esa sea también la mejor manera de entender el disco. No salir de él más rectos. Simplemente, un poco más cómodos con nuestras propias curvas.

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