SAMA le pone voz a lo que cuesta decir en “Las cosas que no dije”

SAMA lleva tiempo construyendo un proyecto que parte de algo sencillo, pero no siempre fácil de conseguir: ponerle palabras a lo que sentimos. La artista ecuatoriana entiende la música como una herramienta para acompañar procesos emocionales, abrir conversaciones y hacer espacio para historias que muchas veces cuesta contar.

Ese camino la ha llevado recientemente hasta Ciudad de México, donde formó parte del Encuentro Iberoamericano de Mujeres como la única ecuatoriana seleccionada. Al mismo tiempo, continúa presentando su nueva etapa musical con Las cosas que no dije, un EP de cinco canciones que estará completo el próximo 30 de octubre.

Antes de su lanzamiento, SAMA presenta Yo perdí, una canción folk pop pausada e íntima que cambia la perspectiva habitual del desamor: esta vez, quien canta no es únicamente quien ha sido herida, sino quien reconoce demasiado tarde que no supo valorar lo que tenía.

“Todos hemos sido el villano de una historia”

Yo perdí nace de una historia cercana a SAMA y de una idea bastante universal: entender el valor de algo cuando ya no está.

“Decir ‘yo perdí’ es reconocer que no supiste valorar ese amor cuando lo tenías y que ahora entiendes lo que dejaste ir”, explica. La canción resulta interesante precisamente porque evita colocar a la protagonista en el papel cómodo de víctima. Aquí hay responsabilidad, arrepentimiento y aprendizaje.

Para SAMA, escribir desde ese lugar tampoco supone algo extraño. “Creo que todos, en algún momento, hemos sido el villano de una historia y hemos hecho daño, incluso conscientemente”.

Más que quedarse en la culpa, la artista mira el error como parte de un proceso. Fallar puede servir para reconocer qué queremos hacer diferente en el futuro y aprender a cuidar mejor aquello que sí merece quedarse.

En lo musical, Yo perdí mantiene esa sensación de vulnerabilidad. Junto al productor Martin Price, SAMA construyó una producción apoyada en piano y cuerdas suaves que deja espacio a su voz y acompaña ese instante incómodo en el que alguien acepta: esta vez me equivoqué yo.

Las historias que cuesta contar

Esa honestidad también atraviesa Las cosas que no dije. El nombre del EP resume cinco canciones que parten de conversaciones, emociones y experiencias difíciles de expresar en voz alta.

“Con estas cinco canciones pude darles un espacio a esas historias y emociones que a veces nos guardamos”, cuenta SAMA.

Algunas parten de su propia vida y otras de personas cercanas. No existe una única historia que una al proyecto, sino una misma necesidad: sacar algo de dentro y convertirlo en canción.

Entre esos temas aparece Cielo, una canción sobre salir del clóset dentro de un entorno religioso. SAMA la describe como un puente para quienes han vivido el conflicto entre formar parte de la comunidad LGBTIQA+ y mantener su relación con la fe.

Para ella, contar este tipo de historias nace de su propia realidad, no de una etiqueta alrededor de su proyecto.

“Ser parte de la comunidad LGBTIQA+ no es un peso para mí ni una estrategia de marketing: es mi realidad. Escribo desde lo que soy y lo que vivo”.

Su intención es tratar esas experiencias desde la misma naturalidad con la que la música ha hablado históricamente del amor, las rupturas o el desamor. “Soy una persona que siente, ama y se equivoca como cualquier otra”.

Poner límites también puede convertirse en canción

Después de Yo perdí llegará Distintas, el tema encargado de cerrar el EP y probablemente uno de los más personales del proyecto. La canción está escrita para su madre y habla de establecer límites sanos dentro de una relación entre madre e hija.

SAMA señala algo especialmente presente en muchas familias latinoamericanas: la idea de la madre como una figura prácticamente intocable, a quien se le debe respeto, amor y admiración sin cuestionar necesariamente las dinámicas que existen dentro de esa relación.

Distintas nace justamente de querer hablar de esas exigencias, de la necesidad de mantener la cercanía sin renunciar a los propios límites y de poner palabras a situaciones familiares que no siempre sabemos cómo enfrentar.

Es quizá uno de los ejemplos más claros de lo que significa Las cosas que no dije: no únicamente revelar secretos, sino atreverse a verbalizar aquello que durante mucho tiempo parecía más sencillo guardar.

De sanar a través de la música a explorar nuevos sonidos

El proyecto de SAMA nació, según cuenta, como una forma de amor propio. “No quería dejar que pasaran los años y arrepentirme por no haberlo intentado”.

También comenzó como una forma de sanar. Sus primeras canciones tenían una raíz mucho más folk e íntima, pero con los años el proyecto se ha expandido gracias a la coescritura con artistas de países como Colombia y México y a una búsqueda musical cada vez más amplia.

Después de su primer EP, Origen, SAMA mantiene el pop como base, pero se permite mezclarlo con reggae, cumbia, gospel, rumba flamenca y R&B.

El cambio no está únicamente en la producción. También existe una evolución en las cosas que se permite contar.

Si Origen presentó una primera versión de su universo, Las cosas que no dije parece hablar de una artista dispuesta a entrar en conversaciones más incómodas: reconocer cuando fue ella quien perdió, hablar de fe e identidad, revisar la relación con una madre o simplemente aceptar que no todas las emociones llegan ordenadas.

Para SAMA, la música continúa teniendo la misma función con la que empezó todo: acompañar.

“Me gustaría que quien escuche el EP encuentre compañía en estas historias y sienta que también puede poner en palabras sus propias emociones, incluso aquellas que le ha costado decir en voz alta”.

Quizá ahí está la esencia de esta nueva etapa: algunas cosas cuestan demasiado decirlas hablando. A veces, primero hay que convertirlas en canción.

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